Archivo | mayo, 2017

Monreale

31 May

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Al suroeste de Palermo, sobre una montaña cercana, se encuentra el pueblo de Monreale que en el siglo pasado sirvió de refugio a malhechores y asaltantes de caminos. Ahora ofrece un potente patrimonio arquitectónico restaurado, como la catedral, tan visitada que la aglomeración de turistas en bermudas dificulta verla. Pero hubo un tiempo en que a este pueblo no venía nadie, yacía abandonado a cuatro kilómetros de la capital y la suciedad inundaba sus calles. Sigue leyendo

Moebius y Roedelius

24 May
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Roedelius y Moebius.

Va a hacer un año que Dieter Moebius murió, Hans-Joachim Roedelius aún vive. Su música, sin embargo, trasciende más allá de la muerte; siempre grata de oír, nos acompaña como un reconfortante espectro y, como una capa protectora, ofrece refugio seguro frente al ruido del mundo.

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En las Catacumbas de los Capuchinos de Palermo

17 May

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“La población estaba hecha a la presencia de la muerte, a los cadáveres dejados en las afueras de los pueblos y ciudades, sin sepultura, abandonados si se trataba de pordioseros o tullidos. De los cementerios, masificados y descuidados, con frecuencia situados en medio de la ciudad, junto a la iglesia mayor, salía una pestilencia que mortificaba el espíritu. La imagen del esqueleto venía a mostrar el destino de una existencia roturada por la calamidad”.

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Verde agua del Adriático

10 May

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En 1919 Gabrielle D´Annunzio tomó la ciudad de Fiume, en el golfo de Carnaro, y fundó el Estado Libre de Fiume, más tarde el régimen fascista la anexionó a Italia. Tras la Segunda Guerra Mundial y la caída de Mussolini, el Tratado de París de 1947 auspició la expulsión de trescientos mil italianos de este y otros territorios adriáticos, entre ellos estaba la niña Marisa Madieri, más tarde autora de Verde Agua.

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Camposanto Di Santo Spirito de Palermo

3 May

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Quizá sea este el más pequeño de los cementerios de Palermo y el menos espectacular, pero entrar aquí supone un respiro en medio de la ciudad ruidosa y turbulenta. Los sicilianos tienen una intensa relación con la muerte, la encaran con gran estrépito de llanto y dolor, y es común encontrar la foto del finado sobre las tumbas para no olvidar su aspecto cuando estaba vivo. Todo lo contrario de lo que el poeta Propercio quiso para sí: “Que no indique una piedra mis huesos en perdida tumba”.

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