Los informes de Bobi Bazlen

15 Sep
Bobi Bazlen

“Bazlen tenía una velocidad mental como no he vuelto a encontrar” R. Calasso.

Por propia iniciativa Roberto Bazlen -alias Bobi- ha quedado para la historia de la literatura como una nota a pie de página. Su exigua obra literaria está formada por comentarios más o menos extensos sobre libros y escritores, a los que hay que añadir sus famosas cartas a Eugenio Montale y los fragmentos de una novela que finalmente puso en orden Roberto Calasso. Es muy probable que si viviese ahora, Bobi tendría un blog.

La primera vez que leí su nombre fue hace años en Bartleby y compañía del inefable Vila-Matas. Por ese “pequeño dinosaurio” desfilaban escritores sin obra o con poca y ahí encontré a Roberto Bazlen. De ascendencia judía, el no-escritor nació en Trieste en 1902 y pudo leer las mejores obras literarias de su época antes de ser publicadas. La fama de perezoso contumaz nunca le abandonó, fue incapaz o simplemente no quiso escribir más que unas páginas: “No escribo libros. Casi todos los libros son notas al pie de página hinchadas en volúmenes. Yo sólo escribo notas a pie de página”.

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Imagen de los años treinta de Via de Ghega en Trieste donde vivió Bobi Bazlen.

La editorial bonaerense La Bestia Equilátera publicó Informes de lectura y Cartas a Montale en 2012. En 126 páginas escasas encontramos una escritura brillante que nos hace ver desde un punto de vista más agudo la obra de Musil, Robbe-Grillet, Gombrowicz, Lampedusa, Blanchot, Bradbury, Macluhan, Cage, Bataille y otros escritores que desconozco por completo. Los informes de Bobi son apasionados, sinceros y en muchos casos crueles, pero no debemos olvidar que no provienen de un crítico literario sino de un lector apasionado. Estos informes eran encargos de editoriales italianas (Edizioni di Comunitá, Bompiani, Astrolabio y Einaudi) que confiaban plenamente en su criterio. 

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Bazlen trató a Svevo, Saba, Montale, Calvino, Solmi, a un joven Calasso… y durante el fascismo se las ingenió para tener acceso a una vasta cultura. Pero su ejercicio intelectual ha sido denunciado como vano por Claudio Magris y Angelo Ara en el libro Trieste, una identidad de frontera de esta forma:  “[…] su fulgurante inteligencia era además de una ingenuidad abrumadora, un ingenuidad que quiere provocar la risa burlona pero cae en la mueca patética, en el simplismo del excéntrico que exige a los demás que tomen lo insustancial por algo cargado de sentido, misterioso, alusivo”. Sin embargo hay que recordar que Calasso, en su defensa y reconocimiento, declaró que “fue el hombre que concibió el programa editorial de Adelphi”, donde han publicado Malaparte, Manganelli, Sciascia, Gadda o Croce entre otros grandes escritores italianos e internacionales como Ingeborg Bachmann.

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Bobi contribuyó, junto con Joyce, a rescatar la obra de Italo Svevo, recomendando a Eugenio Montale la lectura y publicación de La conciencia de Zeno. Pero en una carta al propio Montale, pocos días después de morir Svevo, le dijo: “Sólo tenía la genialidad: nada más. Por lo demás, era estúpido, egoísta, oportunista, gauche, calculador, carente de tacto”. Y unas pocas líneas después declara: “Lo quise –malgré tout– mucho, como no he querido sino a pocas personas”.

Se pone fácil especular con que Bazlen no quisiese escribir porque leyó estas dramáticas palabras de Scipio Slataper, otro olvidado triestino, “La literatura es un oficio árido y triste”, y según quienes le conocieron, Bobi era un conversador muy jugoso, simpaticón y con mucha mala leche.

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La vida de Bazlen fue recreada en esta novela, la primera que escribió del Giudice.

 

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2 comentarios to “Los informes de Bobi Bazlen”

  1. molle817 septiembre 19, 2015 a 12:11 pm #

    No conocía a Bobi, pero me han entrado ganas de leer su biografía. Para mi, el haber contribuido a la publicación de Svevo es mucho más de lo que se espera de un diletante. Al menos de “nuestros” diletantes de tertulia de café. Además he quedado fascinada por su definición de Svevo: “Sólo tenía la genialidad: nada más. Por lo demás, era estúpido, egoísta,…”. Es exactamente la definición de “genio”. Al menos de casi todos. Y no es un reproche a los genios, al contrario. O se es un genio o una persona corriente. Todo a la vez resulta imposible. Y reconozcámoslo, sin genios el mundo sería más aburrido, más plano.

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