Ian Curtis, placeres desconocidos

14 Abr
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Versión bilingüe del cancionero de Joy Division, editado por Malpaso.

Algunos poetas encaran las verdades del mundo para definirlas con palabras. Muchos de ellos han convertido la desolación, el dolor y la dureza de la existencia en energías creativas para poner en pie su poética. Al morir de manera voluntaria con sólo 23 años y dejarnos apenas un puñado de poemas y canciones, Ian Curtis nos situó en el umbral de la desesperación.

A pesar de mis limitaciones, no he conocido a ningún compositor de música pop, escritor de sus propias canciones, que haya mostrado el horror con la profunda sinceridad con que lo hizo el cantante de Joy Division. Esa desesperanza era, al parecer, tan real porque Curtis vivía con ella en forma de depresión permanente y con toda probabilidad los asuntos de los que hablaba en sus canciones no le eran ajenos. Un malestar intenso era su constante vital, un sentirse fuera de lugar y, como ha escrito su mujer, Deborah Curtis, “una desesperación indefinida”. Sin embargo, nunca mostraba su angustia, no tomó a nadie por testigo sino que siempre le decía a todo el mundo lo que quería escuchar, por eso su suicidio sorprendió a todos los que le rodeaban.

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Segundo y último álbum de estudio de Joy Division, cuya publicación se retrasó por la muerte de Ian Curtis. El diseño de la portada es de Martin Atkins, Chris Mathan y Peter Saville. La fotografía de Bernard Pierre Wolff corresponde a la tumba de la familia Appiani en el Cimitero Monumentale di Staglieno de Génova. Una imagen inequívoca de la desgarrada música de Closer y, casualmente, premonitoria de la dolorosa desaparición que vendría después.

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Plano general donde puede verse la tumba de los Appiani diseñada por el escultor Demetrio Paernio en 1910. Del Cementerio de Génova cuentan que fue visitado por, entre otros, Mark Twain y Nietzsche. Éste último lo visitó varias veces en la década de 1880, caminando por él hablaba de filosofía con su amigo y también filósofo Paul Ree. Joy Division usó otra foto de este cementerio para la portada del maxisingle de su único éxito hit Love will tear us apart.

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Ornamental Dispair, (Painting for Ian Curtis) 1980. Óleo sobre terciopelo de Julian Schnabel. La figura de la derecha reproduce a una de las que aparece en la tumba de los Appiani.

Joy Division no insertó su nombre en las portadas de los dos discos editados en vida de Curtis; después vinieron las recopilaciones, los temas no incorporados, las bootlegs y las grabaciones oficiales de conciertos que sí llevaron el nombre de la banda, pero nunca las letras de las canciones. La editorial Malpaso ha editado un libro, físicamente bello y moralmente necesario, que nos acerca a su cancionero en versión bilingüe, acompañado de borradores, versiones alternativas, canciones inéditas, entrevistas, carteles… Es una edición muy bien cuidada con una estupenda introducción escrita por el crítico Jon Savage y prologada con palabras de su viuda. Ian Curtis. En cuerpo y alma es un título ineludible para los que, de vez en cuando, rebuscamos entre los viejos discos para volver a oír esa música de oscura belleza que fue creada cuando la bastedad del dolor era un placer desconocido.

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Joy Division; de izquierda a derecha: Stephen Morris, Ian Curtis, Bernard Sumner y Peter Hook.

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Lápida de la tumba de Curtis en el cementerio de Macclesfield, su pueblo natal. Hace años fue robada y la repusieron, no sé si esta es la original.

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4 comentarios to “Ian Curtis, placeres desconocidos”

  1. Antonio Villalobos abril 17, 2015 a 1:59 pm #

    Cuando escribes sobre la muerte y la desesperación subes tu nivel literario ( que ya es bueno) hasta altas cotas. Tengo a ” Joy Division ” por aquí apuntado como grupo para oir. Lo voy a hacer hoy.

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    • luisoj abril 17, 2015 a 8:14 pm #

      Ten cuidado con la División de la Alegría: “Durante los siniestros tiempos de los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial, Joy Division, la División de la Alegría, era el nombre que, cual metáfora cruel, se asignaba a los pabellones donde las reclusas eran obligadas a prostituirse con los soldados alemanes, según el libro La casa de las muñecas, escrito por el superviviente del horror nazi que firmaba como Ka-Tzetnik 135633”.

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      • Antonio Villalobos abril 18, 2015 a 10:31 am #

        Qué siniestro y significativto también por supuesto, el nombre : !hasta donde puede llegar una nación apartentemente civilizada, con el beneplácito de la mayoría de su población !. Tengo pendiente de leer a Hannah Arenht. Bueno el grupo suena bien, se ven muchas influencias : a mi me suena a veces a ” Stranglers ” y a veces a ” David Lynch “, pero no soy experto. Creo que con el tiempo hubiera ganado mucho , pero….

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  2. luisoj abril 18, 2015 a 6:28 pm #

    Nunca habría conectado la música de Joy Division con The Stranglers, pero todo es posible. De la Arendt apenas he leído algo de su biografía y poco sobre su pensamiento (La banalidad del mal). Sin embargo, me gustó mucho la película sobre ella de hace unos años dirigida por Margarethe von Trotta. Aunque típico biopic, es muy recomendable para conocer, sólo de pasada, el complejo universo Arendt.

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