La vida de los otros

31 Mar

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Escribir sobre la vida de alguien obliga a un importante esfuerzo de investigación, de ocupación de su espacio vital y, por tanto, del dificilísimo ejercicio de “ponerse en lugar de…”. Los biógrafos apenas existían en nuestro país hasta hace escasos años, pero ya comienzan a ocupar lugares en la literatura española. Poco a poco las biografías de personajes públicos van brotando sobre las mesas de novedades de las librerías españolas.

El escritor Vicente Molina Foix despliega un argumento de peso para entender esta situación que, comparada con la producción biográfica de los ingleses, podríamos denominar de anómala: “España tiene una cultura de un pueblo absolutamente entrometido y curioso hasta lo enfermizo y luego aparentamos ser muy mojigatos, o lo somos en realidad. Es decir, hay un problema entre lo público y lo privado que el alma española al cabo de los siglos no ha superado”.

Muchos creen que las biografías tienen que ser, ante todo, una mirada (siempre inquisidora) por el ojo de la cerradura hacia el interior de una vida privada. Puede que en alguna medida sea así pero en mi opinión no basta con eso y ni siquiera creo que sea necesario, ese aspecto es totalmente secundario. En el caso de Mientras llega la felicidad (Una biografía de Juan Marsé) de Josep María Cuenca, lo importante es el nacimiento de su decidida vocación y su evolución literaria, la manera en que alguien de una familia humilde y humillada por las circunstancias políticas se convierte, sin un dominio académico de la lengua, en el mejor narrador de nuestro país y uno de los más potentes en lengua española. También cobra importancia en las biografías, en esta igualmente, las relaciones personales a nivel intelectual y sentimental, cómo no, porque de nuestra relación con los demás y con los acontecimientos que nos afectan se compone la materia íntima de cada uno.

Leer esta biografía es presenciar las múltiples desventuras y aventuras que sortea Marsé para poder llegar a convertirse en escritura. Es también acercarse a la cocina literaria de un mundo personalísimo, poblado de personajes muy especiales que operan en lugares que pertenecen a la geografía vital y sentimental del autor. El universo realista de Marsé -los barrios de Barcelona- es uno de los más sólidos que ha creado la literatura en español, comparable a los ficticios Región de Benet, Colima de Rulfo o, en inglés, al condado faulkneriano de Yoknapatawpha. 

Pienso que esta es la biografía oficial de Marsé pero eso no me ha expulsado de su lectura porque es bien sabido que lo oficial en Marsé es la heterodoxia. Lo que, por otra parte, corresponde a un escritor que se ha hecho a sí mismo, que no ha comulgado nunca con los que reverencian al poder y que se ha afeitado la lengua regularmente para usarla contra todo aquello y aquellos a los que no ha tragado. 

PS: Durante la lectura de este libro, editado por Anagrama, me ha sorprendido mucho saber que la especialísima y azarosa vida de un amigo, el pintor Luis Claramunt (q.e.p.d.), fue ligeramente inspiradora de la novela de Marsé El amante bilingüe.

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El pintor (bilingüe) Luis Claramunt. Barcelona 1951 – Zarauz 2000.

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2 comentarios to “La vida de los otros”

  1. molle817 abril 3, 2015 a 11:49 am #

    Sí. En España, no hay tradición de biografías ni de libros de divulgación científica. Para lo uno, nos basta con el chismorreo (a ser posible injurioso), y para lo otro…aún perduran las secuelas del bárbaro “¡que inventen ellos!”. Y pobre del científico que se atreva e introducirse en la divulgación. No encontrará más que menosprecio entre sus colegas. Demasiados siglos de ignorancia y barbarie. ¿No te parece?

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    • luisoj abril 3, 2015 a 12:03 pm #

      Demasiados siglos, sí. Y además somos un país donde no hubo revolución romántica: no nos hemos emancipado espiritualmente. Eso se nota en el persistente dominio de la Iglesia que se esfuerza denodadamente en controlas nuestra vida pública y privada. Por otra parte, esa afición tan española de entrometernos en la vida de los otros, por supuesto para mirarlos por encima del hombro. Traigo de nuevo las palabras de Molina Foix: “…hay un problema entre lo público y lo privado que el alma española al cabo de los siglos no ha superado”.

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