20.000 días con Nick Cave

25 Nov

cave

Las biopics o biodocs, si están bien hechos, se sostienen como auténticos artefactos cinematográficos. Hay muy buenos ejemplos pero, como en todo, la mayoría no soportan más de diez minutos de visionado. Sin embargo, 20.000 days on Earth de Iain Forsyth y Jane Pollard se deja ver hasta el final con el mismo, o más, interés que cuando comienza.

No sólo por lo bien estructurada y narrada que está sino porque el tema, Nick Cave, ha devenido en material cinematográfico. Al menos para los que siempre le hemos reconocido como poeta y compositor maldito que hace una música bendita. Cave forma parte de mi background desde que pertenecía al grupo australiano The Birthday Party a comienzos de los ochenta (confieso que me perdí la época anterior en la que formó parte de The boys next door). El peculiar y sonoro nombre del grupo proviene del título de una obra de Harold Pinter. Era una música oscura, sucia, hiriente y destartalada la que oía cada vez que pinchaba aquel disco endiablado de “la fiesta de cumpleaños”, pero como era demasiado joven y demasiado punk, me encantaba.

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Más tarde, y por diversos avatares, Nick formó su propia banda a la que nombró Nick Cave and the Cavemen, que tuvo una vida muy corta. De esa época tengo mejores recuerdos, uno de ellos es que lo filmamos en un concierto de Londres, Electric Ballroom, para La Edad de Oro (TVE-2), corría entonces el orwelliano 1984. Antes de emitirlo llamé a mi amigo Javier Domínguez para que comentara en el programa su opinión sobre Cave; él era superfan y tenía más que suficiente criterio para hacerlo y, de hecho, lo hizo impecablemente. Diría que en España eramos sólo cuatro gatos los que entonces oíamos a Nick Cave, un ejemplo del poco predicamento de este excepcional músico en nuestro país. Más tarde formó The Bad Seeds, una banda de largo recorrido con quien aparece en los escasos, pero fulgurantes, momentos musicales de 20.000 days on Earth.

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Trío de ases: Warren Ellis, Nick Cave y Barry Adamson, el pasado septiembre en el estreno de 20.000 days on Earth de Londres.

La película es maravillosa, impecablemente rodada y editada, echo en falta más momentos musicales porque al fin y al cabo trata de un músico. El relato no sólo nos permite involucramos en las interioridades psicológicas de Cave sino que los directores nos acercan a su creación (ensayos, conciertos, escritura,…), a sus obsesiones (infancia, la lectura de Lolita que le hacía su padre, el tiempo atmosférico en la Pérfida Albión), a su entorno musical (Warren Ellis, Kylie Minogue…), vital (ex-politoxicómano y muy religioso) y familiar (sus dos hijos mellizos y su mujer, a la que sólo vemos con la cara oculta o desenfocada). Es un biodoc interior, un viaje a las entrañas de Cave y a su pequeño mundo. Durante la proyección he visto danzar -semiocultos- sobre la pantalla los espíritus de William Blake, Elvis Presley, Hölderlin, Juan el Evangelista, Jules Barbey D´Aurevilly y otros maestros inspiradores de lo sagrado y lo profano, del cielo y el infierno.

Sin embargo, yo pensaba equivocadamente que Nick Cave se hallaba a buen recaudo del estrépito de la imagen pública y que se situaba bajo el manto de la discreción y el suave ocultamiento, que de alguna manera se contentaba con establecerse en los márgenes del mainstream y vivir su arte con la mínima exposición. La misma que sugería Flaubert cuando dejó escrito que “El artista debe arreglárselas de modo que la posteridad acabe creyendo que jamás existió”.

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4 comentarios to “20.000 días con Nick Cave”

  1. Miguel noviembre 26, 2014 a 1:15 pm #

    Una amiga, alumna, me la ha regalado…Muy grande Mr Cave. Fantástica, mi alumna Lola G.C y genial mi amigo y maestro, Luis Ordoñez.

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    • luisoj noviembre 26, 2014 a 1:50 pm #

      Gracias por el comentario, Miguel. Creo que no basta con sólo un visionado, es el tipo de películas que hay que tener para poderla revisar más adelante.

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  2. Javier Dominguez noviembre 26, 2014 a 1:31 pm #

    Pues sí, en efecto Luis, es un magnífico biopic sobre el ARTISTA Nick Cave, y que a todos sus seguidores nos ha gustado. Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve ocasión de escuchar a este poeta de la música siguiendo la recomendación de mi amigo Jesus Amodia de PVP que me dijo: escucha a ver que te parecen THE BIRHTDAY PARTY. Corrían los primeros 80 (que tiempos aquellos vertiginosos de investigación y descubrimiento) y me quede petrificado por la dureza y pasión de sus composiciones, tanto literarias como musicales, aunque como sabes siempre se ha rodeado de instrumentistas números uno que le aportaban la fuerza musical que necesitaba, Blixa Bargeld, Barry Adamson, Warren Ellis, Mick Harvey, bueno, pues hasta la última maravilla que publicó el año pasado con los Bad Seeds: Push the sky away. Totalmente de acuerdo contigo que en aquellos años eramos cuatro gatos los que seguiamos a Nick Cave, pero no cabe duda que poco a poco y a pesar de que no es para nada melódico, se ha abierto a otras disciplinas artísticas, cine, relatos literarios, guiones y bandas sonoras para películas, etc., y ha conseguido captar la atención de crítica y público. Por cierto, el año pasado mis hermanos Riqui y Luisa ” Nena “, me regalaron el DVD del programa de TVE de la EDAD DE ORO, al cual tu me invitaste como subdirector para participar en los comentarios sobre este músico con Paloma Chamorro y me quede alucinado de lo jovenes que estabamos hace 30 años, ja ja ja; y claro, era la primera vez que me veía. Para terminar te comento que a pesar del tiempo transcurrido no he perdido mi afán permanente por descubrir nuevas músicas y ahora estoy zambullido en el jazz sudafricano de los años 60 y su conexión británica: Louis Moholo, Chris Mcgregor, Brotherhood of Breath, Keith Tippett, y muchos más. SIN MUSICA LA VIDA NO TENDRIA SENTIDO. Un abrazo . Javier Dominguez

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    • luisoj noviembre 26, 2014 a 1:54 pm #

      Gracias Javier. Hace unos años me regalaste un disco maravilloso de Barry Adamson.Todavía me emociono cuando oigo Oedipus Schmoedipus. Muy buena esa cita de Nietzsche y, por supuesto, We´re pushing the sky away.

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