Coleccionar y mostrar II

13 May

20120210_215518Con el redundante título El coleccionista apasionado, pues se hace difícil de entender que se colecciona sin pasión, el ensayista Philipp Blom penetra en ese universo cerrado a través de las propias colecciones. Hay que decir que quien colecciona no sólo puede hacerlo por pasión, también por avaricia, moda u ostentación. 

Muchos coleccionistas que cita Blom son conocidos de antiguo y, en gran medida, admirados por los que nos interesamos en este aspecto de la Historia del Arte. Llegué a este ensayo por recomendación de la crítica Ángela Molina en las páginas de un suplemento cultural. El título de su reseña, Príncipes de la melancolía, es sin duda mucho mejor que el del propio libro.

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John Tradescant el viejo, botánico y fundador de The Ark, un canónico gabinete de las maravillas del XVII. Su hijo, Tradescant junior, continuó ampliando la colección heredada.

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Alex Shear, fallecido en 2014, coleccionista de objetos pop y productos de consumo norteamericanos. Su colección abarca más de 100.000 piezas, según The New York Times.

Blom nos habla de personajes, la mayoría ilustres, como el boticario Calceolari, Tradescant, Rodolfo de Habsburgo, Aldrovandi, Vivant Denon (El caballero del Louvre), Soane, John Pierpont Morgan (J. P. Morgan), Ruysch (coleccionista de esqueletos), Athanasius Kircher, Peale, Sloane, Alex Shear (que se autodenomina “antropólogo cultural”), y otros personajes que fueron en pos de la conquista y posesión desmesurada de objetos u obras de arte -cazadores y recolectores, “príncipes de la melancolía”-.

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El jesuita Athanasius Kircher, gran coleccionista que trabajó en la Biblioteca Vaticana. Ignacio Gómez de Liaño escribió un monumental libro sobre él.

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Rodolfo II, educado en España en la corte de Felipe II y enfermo de coleccionismo; sólo vivió para ello.

Como lector fascinado por el asunto, lo que más me ha seducido son los extensos y sugerentes comentarios en los que Blom va desmenuzando los síntomas y las razones de esta patología, aunque disiento en algunos momentos. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con la inclusión del prolífico Casanova en esta recensión, porque coleccionar amantes no es lo mismo que coleccionar obras de arte o maravillas de otros mundos. Además, he encontrado el epílogo un tanto penoso, muy por debajo del resto del libro. Pero, a pesar de estas pegas, conviene leérselo para ampliar el campo de batalla.

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Uno de los siniestros bodegones del anatomista holandés Frederik Ruysch que hicieron estragos en su tiempo. Este pertenece a la colección del zar Pedro el Grande.

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Hans Sloane, coleccionista irlandés e inventor del chocolate con leche, cuya receta comercializó Cadbury a su muerte.

Por otra parte, hace meses escribí aquí un post sobre este asunto, si tenéis un poco de tiempo y algunas ganas podéis echarle un vistazo, este es el enlace: https://luisordon.wordpress.com/2013/12/10/coleccionar-y-exhibir/. A continuación rescato para vosotros algunos párrafos diseminados por el libro, incluyendo el último dónde, aunque ya lo sabíamos, dice que el coleccionismo es más común entre varones adultos que entre mujeres:

“Toda colección es un teatro de los recuerdos, una dramatización y una puesta en escena de pasados personales y colectivos, de una infancia recordada y del recuerdo después de la muerte, y garantiza la presencia de esos recuerdos a través de los objetos que los evocan. Y también es más que una presencia simbólica; es una transubstanciación”. Pág. 252.

“Las colecciones siempre han tenido connotaciones de funeral y entierro”. Pág. 299.

“Igual que un amante, un coleccionista guarda celosamente sus posesiones, e igual que un amante, hablará de ellas y pensará en ellas en términos eróticos y narcisistas; son el objeto del deseo”. Pág. 284.

“[…] que coleccionar sea una actividad intrínsecamente autista, como tampoco quiere decir que es intrínsecamente masculina o que los coleccionistas no pueden ser seres humanos equilibrados con buenas relaciones personales, pero el parecido es fascinante y puede trasladarse a otras actividades en las que predomina el número de hombres frente al de mujeres. ¿Cuántas mujeres pescadoras, sentadas a las orillas de un río, podemos ver un día cualquiera?”. Pág. 226.

El coleccionista apasionado. Una historia íntima.

Anagrama. Colección Argumentos. 2013.

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2 comentarios to “Coleccionar y mostrar II”

  1. después de la media rueda mayo 28, 2014 a 5:20 pm #

    Supongo que todos tenemos algo de coleccionista, objetos, sentimientos, conquistas…
    Este libro ya lo tengo en búsqued y captura. Gracias por la recomendación.

    Me gusta

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