En favor de Yoko Ono

1 Abr
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Yoko Ono en una exposición de 1961. Foto de una foto de George Maciunas.

“Honi soit qui mal y pense” (Maldito quien piense mal) 

Inscripción amenazante en el escudo de Reino Unido.

 

Excusadme la ignorancia y las lagunas, pero no conozco a ninguna mujer más despreciada, insultada y, en el mejor de los casos, ninguneada por los media que Yoko Ono, por el hecho de haber estado casada con uno de los músicos más brillantes de la historia de la música pop y enviudarle. 

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Double Fantasy, 1980. Último álbum que John and Yoko grabaron en estudio. Poco después asesinaron a Lennon.

Desde que The Beatles decidieron disolverse, a favor de sus carreras individuales, se la ha (mal) tratado como chivo expiatorio de aquella necesaria separación: entre otras lindezas, la llamaron The Dragon Lady. Esa campaña ruin, realizada desde el machismo más atroz, se llevó a cabo con la violenta hostilidad de los tabloides, el apoyo sin fisuras de la prensa mal considerada seria y el -ya roto- silencio cómplice de Paul MacCartney. En mi opinión, había llegado el momento en que el grupo de Liverpool no tenía más que decir y John Lennon hizo bien en trasladarse a USA a vivir con la artista más desconocida, según sus propias palabras.

Photo of John and Yoko

Justo antes de comenzar la grabación de Abbey Road en 1969, The Beatles sacaron un single con el tema “The Ballad of John and Yoko”.

La biografía oficial dice que Yoko Ono nació en Tokio el 18 de febrero de 1933 bajo el signo del arte y el dinero (la frase en cursiva es mía). Su padre, descendiente de una estirpe de samuráis, se formó como concertista de piano y su madre era hija de banqueros japoneses. Una familia rica, culta y cosmopolita, pues se trasladaron a San Francisco y Nueva York siendo Yoko una niña. Más tarde, de vuelta a Japón, estudió música clásica y fue la primera mujer que ingresó en la facultad de Filosofía de la prestigiosa Universidad de Gakushüin.

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Piano Walk, 1962, con John Cage.

A partir de 1959, de nuevo en Nueva York, Yoko comienza a posicionarse como artista con la realización de eventos públicos relacionados con la cultura japonesa. Unida al músico Toshi Ichiyanagi desde los años universitarios, vive con él en Manhattan. Allí conocen a Stefan Wolpe, profesor de la legendaria Black Mountain College, y comienzan a relacionarse con John Cage, con el que Yoko creará una pieza musical performativa titulada Paseo musical, representada en Japón en el sesenta y dos. La artista alquiló un loft en N.Y. y organizó en él conciertos (event score) con el propio Ichiyanagi, LaMonte Young, Simone Forti (la gran desconocida), Robert Morris y otros artistas pertenecientes a esa vanguardia neoyorkina que se pudo ver en la exposición + – 1961 en el MNCARS. A una de sus primeras performances musicales asistieron Marcel Duchamp, Peggy Guggehheim y George Maciunas. Este último tenía su propia galería -AG Gallery-, en la que Yoko debutó con una exposición de tintes absolutamente conceptuales: Paintings & Drawings by Yoko Ono (julio de 1961). Más adelante, y de manera puntual, se unió con Maciunas al grupo Fluxus que organizó festivales, exposiciones, conciertos, acciones, mail-art… y de cuyas secuelas todavía beben artistas de todo pelaje. Pero la independencia de Yoko no le permitía adherirse totalmente a ningún movimiento, ni siquiera a Fluxus, ella siempre apostó por su independencia e individualidad 

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Cut piece, 1964.

Desde esa etapa iniciática hasta ahora han transcurrido más de cincuenta años. En este largo tramo, ha realizado centenares de obras poderosamente estéticas e imaginativas sobre diferentes soportes -cine, escritura, dibujo, pintura, carteles, instalaciones, conciertos, esculturas, acciones, performances, discos, libros de artista, etc….-. Las puestas en escena han sido su debilidad, realizándolas en grupo y en solitario, como la emblemática Cut piece de 1963 en la que invitaba al público a que cortara su ropa con unas tijeras mientras permanecía -¿indiferente?- sentada sobre el suelo. Esta Pieza de corte es una de sus más conocidas y ha sido representada cientos de veces por otros performers. En 2003 la volvió a encarnar ella misma en París, esta vez sentada en una silla.

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Sometimes in New York City de 1972.

Ha colaborado con artistas de todos los campos creativos y es imposible olvidar que, además de poseer una voz maravillosa, es autora de un puñado de discos que han sido versionados hasta por los Pet Shop Boys. Con catorce años, recuerdo haber comprado en Torremolinos el álbum Some time in New York City, firmado como John & Yoko/Plastic Ono Band with The Elephant´s Memory. En los surcos de este disco se podía oír Woman Is the Nigger of the World (La mujer es la negra del mundo). Si la memoria no me traiciona -y no quiero acudir a Youtube- Yoko replicaba a Lennon, cuando este pronunciaba el título, con un sentencioso “Oh, yes it is”. Ella ya había utilizado ese eslogan –Woman Is the…– tres años antes de darle nombre a la canción que, cómo no, fue prohibida en la BBC; no por la letra en sí misma -totalmente feminista- sino por el vocablo nigger que según los funcionarios estajanovistas desprendía connotaciones racistas: por eso debió usarla.

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Lion Wrapping Event. Trafalgar Square, Londres 1967.

De manera simultánea a Christo, cuando éste comenzó a empaquetar elementos en espacios públicos a comienzos de los sesenta, Yoko embaló uno de los leones de Nelson Column en Trafalgar Square, Londres. Lo cual puso los pelos de punta a gran parte de la sociedad inglesa y a la policía, toda vez que el león es un símbolo inequívoco del trasnochado Imperio Británico. Yoko Ono y la censura siempre han vivido un largo y tortuoso idilio.

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Yoko Ono y Lady Gaga en 2010 tocando el piano a cuatro manos.

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En concierto con Thurston Moore de Sonic Youth.

Por seguir abundando en su dimensión musical, la artista ha estado acompañada u homenajeada, además de John Cage y Toshi Ichiyanagi, por Ornette Coleman, Scissor Sisters, su hijo Sean, Sonic Youth (en la figura de Thurston Moore), el dj Felix Da Housecat, Eric Clapton, Antony Hegarty (de Antony and the Johnsons y Hercules), Kathleen Hanna (precursora de las Riot-Grrrl), John Cale, Public Enemy, Cornelius, Iggy Pop, Yuka Honda, Lady Gaga (en una memorable actuación donde interpretaron un suntuoso blues y acabaron revolcándose sobre el piano ¿muertas de risa?), y con decenas de intérpretes que se han rendido ante la fusión musical de vanguardia y pop que ella siempre amparó con y sin Lennon.

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The story of my long life: bailando en un vídeo realizado por Karl Lagerfeld para Chanel en 2012.

Ahora tiene más de ochenta años y Yoko Ono ha logrado cimentar, con determinación y contra vientos y mareas machistas, una sólida carrera artística equiparable a la de cualquier artista-varón-contemporáneo considerado como excelente. Sin embargo, hasta hace poco, la corriente principal de la crítica no lo entendía así. Ella misma, en su texto de (¡uf!) 1971 titulado La feminización de la sociedad (¡uf! otra vez), sostiene que “Esta sociedad es la sociedad que aniquiló la libertad de las mujeres: la sociedad que se construyó sobre la base de la esclavitud femenina. Si tratamos de conquistar nuestra libertad dentro del marco del sistema social existente, los hombres, que gobiernan la sociedad, seguirán haciendo el gesto simbólico de cedernos un lugar en su mundo”. Amablemente invito a las feministas de medio pelo, y de pelo largo, a que interioricen este texto y, de una vez por todas, reconozcan a Yoko Ono como una de sus más aguerridas precursoras.

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Catálogo de la exposición en el Guggenheim de Bilbao, 2014.

“Standing on the corner just me and Yoko Ono. We were waiting for …”

    Me & Yoko Ono. Tosca, 2003.

En los ochenta llegué a ver algunos vídeos de sus performances y he visto parte de su obra plástica en Hong Kong Basel, la Bienal de Venecia, en exposiciones colectivas y colecciones privadas. Pero ha sido ahora, en la retrospectiva Half-a-wind show del Guggenheim de Bilbao, cuando he tenido la oportunidad de enfrentarme a doscientas obras de esta inigualable artista. Obras, todas ellas, impregnadas de poesía, humor y belleza, que en la mayoría de los casos convocan la interacción del espectador. Al verlas, no he podido dejar de recordar a Ítalo Calvino y su propuesta sobre la levedad. Por otra parte, son conocidas y muy recurrentes sus instrucciones para que el público complete sus piezas o las realice en su totalidad. Por ejemplo: “Tose sin parar durante un año”, Pieza tos, 1961 invierno, extraída de su libro de artista Pomelo, que nos muestra el aspecto más dadaísta de Yoko.

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Libro de artista Grapefruit (Pomelo) y su edición en español a la izquierda.

Entiendo que su arte, así como su vida, se presenta bajo tres ideas políticas que subyacen en sus obras y son representativas de su actitud vital, de la manera en que se ha enfrentado al mundo como mujer y artista. Son estas: los derechos humanos, el pacifismo y la lucha contra la postergación de la mujer en todos los órdenes de la sociedad. Cubiertas las tres por el manto de uno de los más poéticos y humorísticos discursos artísticos que tengamos noticia; aunque mi crítico de arte favorita, Ángela Molina Climent, diga que no.

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Intervención callejera de la exposición en Bilbao.

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Vídeo: Painting to shake hands. 2002.

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Póster de Approximately Infinite. 1973.

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Póster de Between my head and the sky. 2009.

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Instalación Touch me, 2008/2009.

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Painting to be stepped on. 1961.

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Invitación para Water event realizada con John Lennon en 1971.

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Morning Beams / Riverbed. 1997/2012. Son dos obras que antes se exhibían de manera individual. En esta ocasión Yoko las ha fusionado consiguiendo un efecto demasiado solemne.

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Franklin Summer. 1995. Dibujos de tinta sobre papel.

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Ceiling painting, yes painting. 1966. Cuando presentó esta obra en Londres enamoró a Lennon.

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Otra intervención callejera de la exposición en Bilbao.

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Una respuesta to “En favor de Yoko Ono”

  1. Zero Kóvacs abril 9, 2014 a 1:19 pm #

    maría Kodama
    oja Kodar
    yoKo ono

    los entierros míticos
    las rentas para toda la eternidad
    los títulos nobiliarios con K

    siempre con un muerto de por medio
    y una existencia de insecto distinguido

    viudas con K

    fascinantes
    hechas de encargo
    con asepsia suiza

    carrocerías años 70

    no en posible el milagro de una nueva

    Me gusta

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