Figura

17 Ene
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Primera entrega de Figura dedicada a Luis Gordillo, autor de la cubierta.

De lo sublime a lo vulgar todo es susceptible de ser conmemorado o celebrado. El arte contemporáneo no se sustrae a esta condición y cualquier asunto es considerado bueno para estos cometidos: porque hace 20 años que ocurrió, porque uno de sus protagonistas ha fallecido o por… cualquier cosa.Pero esta vez no es el caso, pues la revista Figura sí caló, para bien, en el ir y venir del arte y los artistas en España durante el tiempo en que fue editada (83/86). Ahora conviene -como dicen los comisarios y críticos- “repensarla” con una exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de la capital sevillana donde se reivindica su influencia. Se titula A partir de Figura, una posible lectura de los 80. 

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Figura se editaba en Sevilla, en gran parte era financiada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y su comité editorial lo formaban los artistas y críticos Guillermo Paneque, Rafael Agredano, Pepe Espaliú… Colaboraron Achille Bonito Oliva, Juan Muñoz, Mariano Navarro, Juan Vicente Aliaga, Kevin Power, Juan Manuel Bonet, Antonio Gordillo y etecé, eceté. De todos los textos publicados en Figura, Titanlux y moralidad de Rafael Agredano es considerado el manifiesto de la revista. Con el paso del tiempo se ha convertido en la más ajustada referencia de la pintura de entonces y fue básico para la línea editorial, por una razón fundamental: todo el mundo lo citaba y aun lo citamos.

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En muchas ocasiones fui testigo del desprecio que cierto sector de Madrid profesaba a esta iniciativa editorial, un desprecio que se hacía extensible a los pintores figurativos que la sustentaban o promocionaban. Pero en el fondo estos mismos críticos también desdeñaban la obra de Miquel Barceló, Ferrán García Sevilla y la de cualquiera que despuntase fuera de su control centralista y el consecuente canon: caprichos del arte al fin. Sobre este asunto y en aquella época hablé, durante horas, con el propio Ferrán en casa de Juana de Aizpuru, pues se sentía ninguneado en Madrid, a excepción de La edad de oro (TVE 2) donde siempre le dimos sus minutos de gloria artística y mediática. Estaba encantado, per aixó, con los niñatos de Figura que le reivindicaban, desde Sevilla, como artista señero dedicándole un número.

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Cubierta del número 5 de Figura ilustrada por Ferrán García Sevilla (extra yo).

Como todo movimiento o resurgimiento, la pintura de entonces, la de los ochenta en España, era esclava de su pasado. Tras la resaca conceptual que gozaba de gran predicamento en Barcelona y que coexistía con la pintura-pintura que se hacía en la capital -la nueva figuración madrileña o los esquizos de Madrid según san Quico Rivas-, Figura se posicionaba de manera más cercana a estos últimos, como movimiento epigonal de la obra de Luis Gordillo, Carlos Alcolea, Carlos Franco, Manolo Quejido, Rafa Pérez Mínguez, Chema Cobo y otros figuras de la figuración. No por eso desdeñaron a otros artistas que no creaban en esa dirección, pues otras tendencias más allá de la pintura figurativa también tenían cabida en Figura.

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Portada de Figura por Chema Cobo.

He elegido al azar el número 4 del invierno de 1985. La portada es de Chema Cobo con obra específica para la edición (como todas las cubiertas), en el que un personaje se ha arrancado los ojos y con su mano derecha nos los muestra como ofrenda mientras sus ojos son dos surtidores de sangre. El contenido de esta entrega es sustancial, no creo que hubiese en España una revista que aglutinara en un mismo número a artistas y gente de las artes tan importantes dentro y fuera del país: el pintor inglés Malcolm Morley, las escultoras Soledad Sevilla, Eva Lootz, los landartistas Richard Long e Ian Hamilton Finlay, el diseñador Alessandro Mendini de Alchimia, los pintores Philippe Cognée, Carlos Durán, Patricia Gadea, Chema Cobo, Hubert Schamalix, el galerista Heinrich Ehrhardt…, además de un reportaje de pintores franceses. Todo bajo las formas de entrevista, conversación, dossier…

En la mancheta de Figura se podían leer los nombres de G. Paneque como responsable de artes plásticas (y a la sazón, director), R. Agredano, diseño y moda, la inefable Lydia Ortega en la distribución, publicidad y suscripciones. Los corresponsales repartidos por España y Europa: Juan Domínguez Plata en Madrid, Xesús Vázquez en Santander, J. M. Báez en Córdoba, Andrés García Cubo en Málaga, el propio Espaliú en París… 

Para mí, Figura fue una buena excusa para seguir conociendo artistas y teóricos; en definitiva: hacer nuevas amistades y ampliar el campo de batalla. En una habitación de mi casa en Madrid se amontonaban los pesados paquetes embridados de la revista, configurándose como almacén editorial desde el que Figura se distribuía en la capital y en otras ciudades del país. Detalle objetivo a considerar.

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