Capote tallado a mano

30 Dic
capote bb

T.C. desafiando al mundo con su mirada.

Desde que leí a Capote por primera vez, he comprado y me han regalado, he regalado y me han prestado, he prestado y, en la eventualidad de una bisoña y apasionada bibliocleptomanía, he robado montones de libros suyos en las ediciones de Anagrama, “la peste amarilla” como las llamaba el viejo Lara/Planeta. 

Era un personaje de los que suele decirse que es mejor tenerlo como amigo, porque de enemigo… Tenía la lengua más envenenada de Nueva York, su reiterada presencia en los juzgados lo demuestra, especialmente en los viscerales enfrentamientos con su enemigo íntimo Gore Vidal. También se vanagloriaba de estar enganchado al alcohol, a todo tipo de fármacos y narcóticos excitantes o relajantes: “Soy un drogadicto, soy un homosexual, soy un genio”. Su cuerpo, deduzco, fue campo de batalla entre la euforia y la depresión, la lucidez y el delirio, la ebriedad casi permanente y la sobriedad a duras penas. Por edad pertenecía a la generación beat, aunque era mayor que Timothy Leary -gurú del LSD-, de William Borroughs -sin comentarios- y demás colgados de aquella sublime gentuza. En los sesenta visitó Tánger con asiduidad y entre sus mejores amigos de entonces, además de los Bowles, estaba el cineasta malagueño Emilio Sanz de Soto y el inefable Pepe Carleton. Por otra parte, Warhol, cuando no era nadie (aunque cueste creerlo, Andy tuvo una época en la que no era nadie), le escribía ¡¡una carta diaria!! para rendirle su admiración, e incluso a veces se apostaba a esperarle en la puerta de su casa en Manhattan.

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Con 23 años en la solapa de la primera edición de
Otras voces, otros ámbitos.

En 1948 publicó su primer libro: Otras voces, otros ámbitos, y el escándalo estuvo servido por la imagen que ilustraba la solapa: “Capote se hizo famoso por la foto, no por lo que escribió”, llegó a decir un crítico. Con la mirada retadora y esa pose entre lánguida y perversa creó escuela, para comprobarlo sólo tenemos que fijarnos en la actitud de falsos desvalidos que en muchas ocasiones suelen adoptar los modelos, cantantes y figurantes diversos.

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En una imagen de Carl Van Vechten.

Ese primer éxito literario, y era muy joven, arrasó en las librerías americanas y al poco tiempo en las europeas. Capote inventó la narrativa de no-ficción cuando trasladó a sus libros hechos reales que él investigaba, bien porque le hubiese llamado la atención una noticia de prensa o porque un caso cruento hiciese temblar la rancia moral americana. En 1966 la mayor parte de la crítica tildó A sangre fría (In cold blood) como periodismo sin fotos y demasiadas páginas, pero el público no lo entendió así y se volcó en la lectura de ese novelón. Tras el éxito muchos siguieron su estilo, entre otros Norman Mailer que tanto le criticó y, sin embargo, su libro La canción del verdugo es la confirmación del canon marcado por Capote. Y creo que el nuevo periodismo americano (Tom Wolfe o Gay Talese) hunde sus raíces en A sangre fría porque no se limita a la mera crónica sino que, pleno de estilo literario, se sumerge en los hechos empapándose del carácter de los personajes. Creo que nuestro autor salió bastante malparado tras escribir esta novela, cuyo final terminó en España, después ya no fue el mismo.

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Capote fotografiado en Tánger con los Bowles, Pepe Carleton a su derecha y Emilio Sanz de Soto.

Ataúdes tallados a mano (y no Ataúdes de artesanía como tituló algún traductor despistado) es, sin olvidar Myriam, uno de sus mejores cuentos. Trata de la iluminación y la ceguera que hacen que cierta gente crea ser Dios y disponga de la vida de los demás a su antojo. Es un relato hiperrealista, está basado también en un hecho real; transmite tensión y a la vez gran serenidad, tiene un punto raro en ese aspecto porque a veces es indiscernible lo uno de lo otro. Al igual que en algunos de sus cuentos, Capote es aquí un personaje más, hace de sí mismo para imprimirle realidad. Ataúdes… es corto y se lee con facilidad. Una vez acabado, nos deja con muchas ganas de seguir leyendo. Más de una vez he pensado y dicho que es el escritor americano más digno heredero de Poe, aunque aparentemente no tengan nada que ver.

Como en la mayoría de las ocasiones, con Capote suele ocurrir que la lectura de un autor lleva a nuevos escritores, a desconocidos territorios literarios para sentirnos en costas extrañas como tituló Coetzee. Con Capote, siempre recomendándola, conocí Dos damas muy serias, la incatalogable novela de Jane Bowles; y llegué hasta su admirada Flannery O´Connor. 

Sé que con este post no descubro nada, sólo quería recordar un lugar común de los lectores, a una de las plumas más incisivas, delicadas e innovadoras de la literatura americana, y a un personaje tallado a mano.

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El autor fotografiado por Irving Penn en 1965.

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3 comentarios to “Capote tallado a mano”

  1. Antonio Villalobos enero 3, 2014 a 9:13 pm #

    Estos rubitos jovenes, cuando cumplen los treinta más o menos : todos calvos,……menos tú , Luis…¿ PETRÖLEO GAL ???????

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    • luisoj enero 5, 2014 a 12:55 pm #

      Bien puede ser, este asunto de los rubios alopécicos a los 30 (Warhol incluido), otra manera de representación de “la peste amarilla” que hemos mencionado.
      Con respecto a Petröleo Gal (producto que desconozco), te remito a mi peluquero. Él es el especialista.

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      • Antonio Villalobos enero 5, 2014 a 7:31 pm #

        jajaja….

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