Álvarez Bravo, la creación del instante

29 Nov
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Manuel Álvarez Bravo fotografiado por su hija Lola en los ochenta.

Mexicano cosmopolita, hijo de fotógrafo y nieto de pintor, Manuel Álvarez Bravo es un excepcional creador de imágenes cercano a las vanguardias artísticas. Su obra está considerada de las más significativas de la fotografía contemporánea, pues refleja la chirriante realidad mejicana -espléndido documentalista- a la vez que posee una vibrante artisticidad -son muy reconocidos los bodegones, paisajes, desnudos y fotos encontradas-. Mi admirado John Banville ha dicho de él: “A lo largo de su dilatada existencia nunca llegó a decidir plenamente qué enfoque debería dar a su arte, y es justo ahí donde radica gran parte de su fuerza”. Indecisión que no le rebajó ni un instante a la pereza sino que, por el contrario, alimentó su inagotable motor creativo. Buñuel supo verlo y le llamó a colaborar en algunas de sus películas, aunque Álvarez Bravo detestaba el cine. Además, Cartier Bresson, Sergei Eisenstein, André Breton, Paul Strand, Diego Rivera, Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Tina Modotti, Edward Weston y otros muchos creadores, la mayoría amigos con los que trabajó, admiraron sus fotografías como indiscutibles objetos de arte. A todos ellos les conquistó lo sugerentemente nuevas que eran para la mirada moderna de la primera mitad del siglo XX.

El primer reconocimiento público que obtuvo fue en 1931 con el premio concedido por la cementera mejicana La Tolteca, por una fotografía cuyo título es el propio nombre de la empresa. Una imagen poderosa que iba en línea con la abstracción compositiva de muchos artistas de la época, cuyo espacio fotografiado es puro suprematismo. Vista ahora también me recuerda la instalacióm de detritus que expuso en la Bienal de Venecia de este año (2013) la artista española Lara Almarcegui.

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La Tolteca.

Pero la espita que explosionó su reconocimiento internacional fue Obrero en huelga, asesinado (1934). Es esta una fotografía producto del más genuino documentalismo, pero encuadrada de la única manera en que un documento gráfico puede llegar a convertirse en obra de arte.

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Obrero en huelga, asesinado.

La buena fama durmiendo es de sus fotos más conocidas, representa a una joven semivendada y acostada sobre el suelo; una imagen muy simple pero plena de erotismo y novedosísima para la época, aún ahora no ha perdido el impacto visual de entonces. Se la encargó André Breton para la portada de la legendaria revista Minotauro, pero no se publicó ¡por la evidente desnudez de la modelo!

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La buena fama durmiendo.

De las incontables fotografías de Álvarez Bravo, algunas de mis preferidas son El ensueño (1931), donde se ve, absorta en su propia languidez, a una muchacha apoyada en la baranda de un ojo de patio; Roca cubierta de liquen (1927) nos lleva a especular directamente con la obra de Max Ernst. Como ejemplo de sus canónicos desnudos femeninos cargados de erotismo, me remito a Espejo negro (1947); y de sus imágenes encontradas, me quedo con El pájaro canta aunque la rama cruja (1960), de donde han bebido miles de fotógrafos contemporáneos. Me gustaría mencionar, por último, una imagen extrañísima de una mujer tendida sobre una jarapa que parece muerta o víctima de una fulminante resaca, lleva por título A la mañana siguiente (1945). 

7554a340e0cfb1f58cc450e41be8ee3cPor otra parte, los títulos de sus fotos son siempre buena literatura, Octavio Paz lo señala de esta manera en un poema que escribió a propósito: “Los títulos de Manuel no son cabos sueltos: son flechas verbales, señales encendidas. El ojo piensa, el pensamiento ve, la mirada toca, las palabras arden”. 

En la era de la reproductibilidad técnica, y sin querer contradecir demasidado a Walter Benjamin -sería intelectualmente incapaz-, muchas fotos de Álvarez Bravo no parecen perder el aura que posee la obra de arte única. Él mismo llegó a decir que “Aquí abajo todo es símbolo y misterio”.

Nota: Si hacéis click en algunas de las fotos de este post enlazaréis con interesantes páginas donde Álvarez Bravo está presente.

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3 comentarios to “Álvarez Bravo, la creación del instante”

  1. Antonio Villalobos diciembre 6, 2013 a 9:39 am #

    Me ha gustado lo de ” El ojo piensa….” quizá lleve razón Hegel y existe el Absoluto. ¿ Sabes por qué detestaba al cine ? , …..a veces un artista rechaza ” lo nuevo” por la inercia de la mente a la que le cuesta siempre asimilar lo emergente. He leido algo por ahí de que los cineastas del cine mudo rechazaron al sonoro y los del cine en blanco y negro rechazaron al de color etc…corrígeme si no Luis. Tengo pendiente de leer a Walter Benjamin , Rogelio Lopez Cuenca ( os recomiendo su blog ) lo cita mucho.

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    • Antonio Villalobos diciembre 6, 2013 a 9:47 am #

      Bueno a lo mejor es que la primera vez que entró a un cine le dieron un pisotón…

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  2. luisoj diciembre 6, 2013 a 12:06 pm #

    Creo, sin estar seguro, que a Álvarez Bravo no le gustaba el cine por el “trucco”, por lo mismo que apuntas sobre que los del cine mudo no les gustaba el sonoro y los del blanco y negro no querían el color. Pero ¿acaso la fotografía no tiene “trucco”, ni la pintura? Probablemente nuestro fotógrafo desconfiaba de la imagen en movimiento. Ya se lo he oído decir de otros.

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