Morir en Ljubljana

20 Sep

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAún no se ha podido constatar con detalle lo que puede ocurrirnos una vez muertos. Los ateos tenemos la convicción de que extinta la carne no nos queda nada más que ofrecer a la posteridad, quizá un leve recuerdo de nuestro corto paso por la Tierra. Otros, sin embargo, creen de mil maneras que trascenderemos a otro tipo de vida más allá o más acá. La pintora Leonora Carrington le tenía pavor a la muerte, pues como solía decir sólo tenemos conocimiento de la vida y no sabemos lo que es el morir. Con miedo o sin miedo, con unas convicciones o con otras, morir es abandonar el mundo de los vivos, y hacerlo en Liubliana tiene una ventaja, pues una vez finiquitada la existencia tu cuerpo o tus cenizas podrán quedarse en uno de los cementerios más bellos del mundo.

Los locales denominan Zale o, exactamente, Plecnikove Zale, al camposanto de la capital de Eslovenia. Plecnikove Zale recoge su nombre del arquitecto que levantó este complejo funerario entre 1937 y 1940. Joze Plecnik es uno de los más sorprendentes proyectistas del siglo XX, su obra se reparte entre Praga, Viena, Belgrado y esta ciudad que le vio nacer. Aquí se le considera una gloria nacional y hay muchas razones para que así sea.

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La entrada al Plecnikove Zale es una construcción clásica erigida a partir de la más pura simetría, cuyo arco de triunfo central nos sugiere el paso a un estadio diferente, a la inmersión en un indeterminado más allá; y eso sólo se podría hacer a través de las imponentes columnas.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAUna vez dentro, el primer edificio que vemos es el oratorio de aspecto clásico con la peculiar columna central que tanto utilizó Plecnik en muchos de sus edificios. Delante de la entrada, el baldaquín es el lugar donde se celebran los funerales al aire libre, como este que vemos en la foto. Por dentro, el oratorio está presidido por un sencillo altar, del techo cuelgan las lámparas diseñadas por el propio Plecnik y podemos sentarnos en sus famosos bancos de madera sobre soportes de granito.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAFuera de este templo, el arquitecto construyó diferentes capillas con nombres extraídos del santoral para los velatorios familiares. Son estas la que le dan una rotunda personalidad al pudridero liublianense. Conviene señalar que, fieles a la costumbre local, la mayoría de los difuntos son incinerados.

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La Capilla de San Juan es un acercamiento canónico al clasicismo griego, aquí se repite el recurso de la columna central que nos sigue sorprendiendo cada vez que la vemos.

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La Capilla de San Pedro tiene columnas abiertas que rodean el cuerpo interior que está cerrado.

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La de San Ahac es un homenaje a los túmulos funerarios de los etruscos. Construida con piedras sobre una base circular, permite el crecimiento de flores y vegetación.

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Las cubiertas de la de San Andrés nos recuerdan los cerramientos de los baños romanos.

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Esta otra capilla es doble y dedicada a San Andrés (de nuevo) y a San Antonio. Es una típica construcción de Plecnik: “un espacio dentro de un espacio”, como dicen las guías.

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Estela funeraria de la Capilla de Adán y Eva.

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Diferentes rosetones que permiten la entrada de luz natural al interior de las capillas.

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Estela casi constructivista de la Capilla de San Nicolás.

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Aspecto del interior de una capilla en el momento de un velatorio.

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Tumbas de Plecnikove Zale.

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La simbología masónica más acá de los Balcanes.

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Esta sencilla piedra a ras de tierra es la tumba de Joze Plecnik. Hicimos una ofrenda floral como corresponde a nuestra rendida admiración por el arquitecto esloveno. Arquitectura y mortalidad.

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4 comentarios to “Morir en Ljubljana”

  1. EBO septiembre 20, 2013 a 12:42 pm #

    precioso, qué bonito.

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    • luisoj septiembre 20, 2013 a 12:45 pm #

      Además de bonito es originalísimo, porque la idea de reinventarse diferentes estilos es, además de atrevida, conceptualmente inabarcable. Aunque parece no ser el caso de Plecnik: no le tenía miedo a nada.

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  2. joseluis817 septiembre 22, 2013 a 11:30 am #

    No me parece que “materialista” sea la palabra adecuada para denotar a quienes no nos creemos inmortales. Ni siquiera creo que lo sean la materia o la energía. De ahí que debamos preservar y transmitir eso tan frágil y equívoco como es el espíritu. Que opino, es lo que tú haces en este blog.

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    • luisoj septiembre 23, 2013 a 10:38 am #

      Llevas razón, pues al escribir materialista dudé por ateo o agnóstico.
      Lo cambio por ateo. Gracias por tu opinión siempre enriquecedora.

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