Malaparte, mi fascista favorito

14 Ago
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Malaparte con Febo en la terraza-entrada de Casa come me.

Cuando Maurizio Serra escribió Malaparte. Vida y leyendas lo hizo pensando en la exigua tropa de malapartianos, al menos los hispanoparlantes, que erramos insatisfechos de lecturas sobre este personaje múltiple. Ya era el momento de tener acceso a una completa biografía y bibliografía de uno de mis autores favoritos del siglo XX. Curzio Malaparte -Kurt Erich Suckert de nombre de pila- era hijo de alemán, sin embargo jamás aprendió esa lengua y odió a los alemanes durante toda su vida, especialmente a Hitler y a Goebbels. Pero a Mussolini y a su yerno, Galeazzo Ciano, los adoró obsesivamente durante un espacio de tiempo, hasta que cayeron en desgracia y entonces los despreció como sólo él era capaz de despreciar el nepotismo y lo pedestre. Para mí representa al intelectual que odia a los intelectuales, que ama la literatura pero no a los literatos, al arte pero no a los artistas, que sueña con una arquitectura sin arquitectos -Casa Come Me- y un periodismo sin corresponsales y menos aún con directores de periódicos (él mismo dirigió algunos, como el fascista La Conquista dello Stato).

Despreciaba la democracia porque la consideraba un fenomenal elogio a la mediocridad. Prescindió de la amistad porque le bastaba con sus perros, especialmente Febo al que tras su muerte lloró inconsolablemente: “…el mayor dolor de mi vida”. He aquí unas palabras suyas extraídas de su inacabado ensayo La metamorfosis que, gracias a la concienzuda localización de Maurizio Serra, refuerzan este argumento: “Nada hay en el mundo más despreciable que el hombre, ese animal pervertido, ese animal degradado por la razón […]”. Degradado por la razón ¿No os parece maravilloso?

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Malaparte apoyó sin fisuras al fascio italiano, la revolución rusa y, quiero pensar que en un delirio de senectud, viajó a China para dar su apoyo a Mao hasta su muerte, sin saber realmente lo que era el maoísmo ni la barbarie de su Revolución Cultural. A pesar de todo esto la Iglesia Católica, la Democracia Cristiana capitaneada por Fanfani, y el Partido Comunista, con Palmiro Togliatti y María Antonietta Macchiocci a la cabeza, se disputaron su herencia moral cortejándolo para incluirlo en sus filas cuando yacía enfermo de muerte en la legendaria habitación 32 de la clínica Sanatrix.

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Casa come me. Diseñada y construida por Malaparte en Capri.

Ahora creo entender qué fue el siglo XX y percibo con claridad que el apego a la guerra y a la violencia es connatural a un personaje de su tiempo (por fortuna ahora somos pacifistas). Al igual que D´annunzio, Apollinaire y tantos otros, Malaparte es el tarro de las esencias (o la esencia del tarro) de un siglo guerrero pleno de masacres exterminios y extremismos. Él amaba y fomentaba los conflictos armados, pero bajo la apariencia de la contradicción llegó a escribir esta rotunda e inequívoca frase en La piel (1950): “Es una vergüenza ganar la guerra”, (por cierto que La piel estuvo incluida en el inefable Index Librorum Prohibitorum).

El escritor y traductor Justo Navarro nos recuerda en el prólogo de El compañero de viaje (Editorial Alfama, 2010) que el añorado teórico marxista Antonio Gramsci “vio en su carácter una mezcla de arribismo desenfrenado, desmesurada vanidad y esnobismo camaleónico”. Sin querer molestar al moralista Gramsci, admiro profundamente a Malaparte porque fue un hombre especial en muchos aspectos y un escritor poco común que amaba las revoluciones –come me– a la vez que odiaba las ideologías –come me-. Y tal como dijo Henry Miller, su escritura siempre es un estimulo intelectual para quien se sumerge en ella. Pero sobre todo le admiro por su elegante y extremado dandismo, que no es poco teniendo en cuenta su pasado de belicista compulsivo. Cuando en el invierno de 2012 leí la intensa biografía de Serra pude apreciar, como dice el autor, que el hombre abandona la naturaleza para echarse en brazos de la historia. Malaparte también.

Sé que hablar bien de él no está del todo asumido, incluso que el título de este post puede levantar ampollas en las suaves y delicadas pieles de ciertos progres nostálgicos de lo absoluto. Pero llegará el día en que, lejos de toda doctrina vana y obediencia ciega a los comités, podamos apreciar con claridad la libertad de los artistas que crean al margen de las ideologías empobrecidas, cuando no muertas.

 

Malaparte, vidas y leyendas, Maurizio Serra. Tiempo de Memoria, Tusquets. 

 

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5 comentarios to “Malaparte, mi fascista favorito”

  1. Antonio Villalobos septiembre 20, 2013 a 1:13 am #

    Muy bueno este artículo, trata muchos temas de máximo interés : uno es el encasillamiento de los personajes y de la gente en general , hay otro que el moralismo que suele arrastrar el comunismo…..

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    • luisjo septiembre 20, 2013 a 1:07 pm #

      El comunismo, además de arrastrar moralismo como dices, arrastró millones de vidas de inconformistas o, simplemente, inocentes.
      Por otra parte: hay que leer a Malaparte (perdón por el ripio).

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      • Antonio Villalobos septiembre 25, 2013 a 10:39 pm #

        uso “moralismo” como tergiversación de “moral”, así como “economicismo” frente a “economía”, “esteticismo” frente a estética,….el “ismo” peyorativo. A ver si encuentro algo y lo leo.

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  2. joseluis817 septiembre 20, 2013 a 11:49 am #

    “Degradado por la razón ¿no os parece maravilloso?” Sí me lo parece. Y atreverse a pensar; y admirar a quien está mal visto por la propia tropa. Y a los que se han atrevido a cambiar de opinión y hasta a cambiar de bando. ¡Los zombis no pasarán!

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    • Yolanda Ochando septiembre 20, 2013 a 12:53 pm #

      Hasta que griten: “Ya hemos pasao….”

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