Tosca, entonces un sonido

8 Ago

6_2_OperaLa cantante, armada con su abrigo de martas cibelinas, afina la voz tras un suave carraspeo en el escenario de la Ópera de Viena. Afuera, bajo la lluvia helada pasa un taxi conducido por un turco. En su interior, esmeradamente decorado, suena Om Kalsoum (Umm Kalzum), la faraona de la música árabe. El taxista recuerda que de pequeño su abuelo lo llevó al entierro de la diva en El Cairo, más de seis millones de personas lloraron su pérdida por las calles de la metrópolis egipcia. En el asiento trasero del taxi, un hombre de unos treinta y tantos años con los ojos medio abiertos, o medio cerrados, y ofuscado por la música oriental, reacciona repentinamente y hace parar al taxista frente al Palacio de la Ópera.

La orquesta afina los instrumentos en el foso mientras la asistente de la soprano empolva su nariz ganchuda. Segundos más tarde, un ayudante de luces se precipita al vacío chocando salvajemente contra las tablas del escenario a escasos metros de la cantante. Por un momento, el silencio recorta la bóveda del teatro. La cantante se acerca al cuerpo inerte del eléctrico que lleva unos auriculares puestos. Se los quita y se los pone ella. Una música acompasada con un pizzicato de bajo acústico en primer plano y una sólida base tecno hacen que la estrella del bel canto se los arranque de un tirón y los arroje al suelo al grito de porco mondo.

huber

Rupert Huber y Richard Dorfmeister componentes de Tosca.

Sobre el asiento trasero del taxi turco hay un minidisc color caramelo transparente olvidado por Richard Dorfmaister, un afamado discjockey vienés perteneciente, ha tiempo, al renombrado dúo Kruder und Dorfmaister, y que acaba de dejar el taxi precipitadamente, olvidando el minidisc que ahora pasea su soledad por las calles de Viena. La lluvia austriaca cala hasta los huesos, el frío ejerce su poder disuasorio y apenas alguien camina por esta ciudad desierta, limpia y excesivamente ornamentada. Las luces iluminan los edificios históricos para que los retraten los turistas, pero esta noche de abril húmedo y helado no se ve a nadie fotografiando edificios.

Tosca_Opera

Carátula del primer disco de Tosca titulado Opera.

En el Ipod del muerto suena Opera del dúo experimental que responde al nombre de Tosca. El tema Buona Sarah, justo el que sonaba en el momento del accidente, comienza con un sampler de una antigua grabación radiofónica con la voz del general Queipo de Llano, un militar que se sublevó contra la II República Española. Con dicción cuartelera se le oye decir: Primero de abril de 1939, tercer año triunfal. En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, las tropas nacionales han conseguido sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

Queipo-Llano

El general Queipo de Llano en una de sus alocuciones fascistas en la radio.

Además de la ópera más conocida de Puccini, Tosca fue un proyecto de estudio de Richard Dorfmeister (el olvidadizo ocupante del taxi) y Rupert Huber. En 1997 pusieron en la calle la obra titulada Opera (G-stone cd 002), en esta primera obra presentaron viejas y nuevas piezas que fueron descritas por la crítica musical como obras soul de una frialdad desmedida. Sin embargo, otros la recibieron como una suave fusión de ambient, funk y dub jamaicano de extrema delicadeza. El siguiente paso del dúo vienés fue invitar a sus amigos del circuito tecno a que versionearan sus piezas, el resultado final se llamó Fuck Dub (G-stone cd 003). Entre los artistas que aceptaron estaban Fila Brazillia, DJ Morpheus, Beanfield, Baby Mammooth… etc.

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Portada de Suzuki, disco de Tosca editado en 2000.

Más tarde hubo más mezclas y remezclas, hasta que a Ópera le siguió Suzuki y a éste, Suzuki in dub. Suzuki in dub es quizá la obra más compleja, completa y mejor desarrollada de la fusión de los tiempos medios con referencias de soft funkie, dub jamaicano y todo lo que quepa, desde música militar a drum and bass. Con la recreación de atmósferas siniestras o, por el contrario, de lo más luminosas, y la incorporación de estribillos pertenecientes a la más rancia cultura popular española: “Dos tetas pueden más que dos carretas” (sic). Pero a pesar de las extravagancias de las que eran capaces, Tosca fue una buena colección de discos llenos de propuestas sesudas, divagaciones nada espontáneas y un montón de sugerencias susurradas, mezzo tempo, para oír en cualquier momento del día y de la noche. Tosca era entonces un sonido.

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