They Died for Beauty

29 Jul

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl poeta Nicanor Parra solía decir que la muerte es un hábito colectivo y, añado, no discrimina a nadie. Antes de que en Grecia inventaran la democracia, la muerte ya nos igualaba a todos. Hoy, 20 de julio, tras una noche tormentosa, amanece un día típicamente gris, el color que el cielo adquiere cuando visito cementerios de manera azarosa.

En el barrio londinense de Islington se encuentra Highgate Cemetery construido en 1839. Este camposanto, el más famoso de Londres, está dividido en dos partes: West y East. Esta última fue una ampliación fechada en 1860; allí encontramos, entre otras, las tumbas de los que murieron por la belleza.

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Monolito a la memoria de George Eliot.

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Vecina a la tumba de G. Eliot, su amigo y consejero el filósofo Herbert Spencer yace acompañándola.

Después de encontrar la tumba de George Eliot, sigo con otra femenina, en este caso contemporánea. Se trata de la agente literaria Pat Kavanagh que murió el 20 octubre de 2008. Era esposa de uno de los mejores escritores británicos actuales: Julian Barnes, autor del afamado El loro de Flaubert, La mesa limón o Una historia del mundo en diez capítulos y medio, editados en España por Anagrama. Barnes se planteó seriamente el suicidio a la muerte de Pat y en su libro Niveles de vida habla con claridad de su amor por ella, llegando a decir que fue “el corazón de mi vida, la vida de mi corazón”. Estamos esperando que lo editen en España ya. Poco antes de morir Pat, Barnes escribió una especie de tratado sobre la muerte, titulado Nada que temer. A él me remito cuando paseo torpemente entre las tumbas de Highgate.

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Frente a los impolutos servicios públicos del cementerio se encuentran dos tumbas muy cinematográficas, pues una pertenece al alemán Carl Mayer, coautor del guión de El gabinete del doctor Caligari. Está considerada la primera película expresionista de la historia del cine, de las mejores de terror y una de las más influyentes. Fue rodada en los estudios alemanes UFA y dirigida por Robert Wiene en 1920. 

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Al lado de esta tumba expresionista, pues, como podéis ver apenas se lee el nombre del finado, están los restos de William Friese Greene, prolífico inventor británico de tecnología cinética. Como se lee con claridad, los ingleses no le hacen ascos a la usurpación de los inventos, así Friese Greene es para ellos el inventor de la cinematografía.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASi hay un enterramiento famoso en Highgate East al que peregrinan miles de personas de todo el mundo y, además, una de las razones por la que este cementerio es tan famoso y visitado, es la tumba de Carlos Marx (1818-1883). A día de hoy, la influencia de su pensamiento aún sigue en vigor. Bien es cierto que la caída de las revoluciones socialistas y el desplome del muro de Berlín han diezmado su autoridad científica, y que son muchos los arrepentidos del marxismo (léase todos los partidos socialistas y casi todos los comunistas). Pero hay que constatar que El capital es el libro más leído en Wall Street, lo que demuestra la agudeza de los análisis marxistas sobre todo con respecto a la plusvalía del trabajo y el dinero.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARodeada por relevantes camaradas de otros países, la tumba de Marx se levanta con fuerza sobre la tierra de este cementerio y puede que hasta él mismo se levantase si supiese las innumerables traiciones de las que ha sido víctima su pensamiento. Desde Lenin, Stalin o Mao a Santiago Carrillo, Fidel Castro, Felipe González o Alfonso Guerra sin ir más lejos: ¡Exmarxistas de todo el mundo, uníos!

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Me llamó la atención una pequeña tumba con muchos exvotos en forma de bolígrafos, una pieza de lego y hasta una cuchara ¿? Me acerqué y descubrí que pertenecía a Douglas Adams, autor de la legendaria Guía del autoestopista galáctico. Adams fue muy querido en vida pues contó con muchos lectores y, además, hacía un programa radiofónico de ciencia ficción con grandes audiencias, cuyo título era el mismo de su mítico libro. Sus admiradores no le perdonan que haya fallecido, pues no dejan de poner bolígrafos en su tumba para que siga escribiendo en el más allá.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor correspondencia directa, porque es contemporáneo o porque le conocí personalmente cuando hacíamos La edad de oro en La 2, Malcolm McLaren (1946-2010) es para mí el muerto más prestigioso de los que están enterrados aquí. En el legendario programa de TVE le dedicamos dos capítulos a su entrevista, tal era su influencia y proyección social. Desde sus comienzos junto a su esposa, la diseñadora Vivienne Westwood, hasta su muerte, McLaren es un buen ejemplo de la soltura con la que los ingleses se apropian de la cultura universal. Bajo su tumba puede leerse la inscripción que consigna una de sus más famosas frases; “Better a spectacular failure, than a benign succes”. También quiso quedarse con los derechos de los temas de Sex Pistols, ya se encargó John Lydon de que no fuese así. Malcolm trabajó en la moda -con sus diseños a medias con la Westwood y la influencia de sus legendarias tiendas SexWorld´s end de las que fui cliente esporádico-. También manejó ciertos hitos de la música con la invención del punk, Sex Pistols, Adam and the Ants, Buffalo girls y Bow Wow Wow, además fue manager de The New York Dolls y promotor del break dance neoyorkino.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMalcolm se divorció de la Westwood y llegó a casarse en los 90 con una guapísima mujer sevillana. Lo que no evitó que fuese denunciado en decenas de ocasiones ante la corte inglesa por apropiación, escándalo público, escarnio a la monarquía y otros asuntos de diversa índole. Sobre su estela funeraria hay un grafitti a rotulador con uno de sus eslóganes más famosos, aquél que usaba el movimiento punk. Me refiero al muy oportuno y nunca más adecuado No future. Creedme, yo no fui quien lo escribió.

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Busco y rebusco la tumba de Charles Dickens, aquel que retrató como nadie el Londres del XIX, pero me acabo enterando de que está enterrado en la Abadía de Westminster. A su muerte y contra su deseo, la reina ordenó una ceremonia fúnebre de estado y finalmente fue sepultado donde nunca quiso. ¿Quién habló de respeto a las últimas voluntades?

Adjunto dos fotos de otros cenotafios de la zona Este de Highgate Cemetery. La primera que podéis ver no está allí, pertenece a los fondos de Victoria & Albert Museum. Se la conoce con el nombre de La tumba del lector (la nuestra) y fue expoliada en Bolonia (Italia), muy común en Reino Unido.

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La tumba del lector, la nuestra.

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4 comentarios to “They Died for Beauty”

  1. Miguel García Vázquez julio 30, 2013 a 8:40 pm #

    Genial…¡Ex marxistas de todo el mundo, uníos!

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  2. Antonio Villalobos agosto 30, 2013 a 10:25 pm #

    Luis : gracias por contarnos estas cosas tan interesantes , me ayudas a sobrevivir entre tanto zoquete prehistórico…..y tanta brutalidad.

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    • luisoj septiembre 2, 2013 a 12:35 pm #

      Gracias por seguir el blog. Piensa que lo hago para tí y para los demás seguidores que se interesan por la belleza de este mundo.

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Trackbacks/Pingbacks

  1. Niveles de vida | Luis Ordóñez - octubre 28, 2014

    […] año pasado estuve en el Highgate Cemetery de la capital inglesa. Hice un post sobre este camposanto y entre las tumbas que fui buscando vi la de Pat: no dudé en […]

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