Volver a Gide

26 Jun

 

20150128_175052Hay que agradecer a Luis A. de Villena su libro André Gide en Cabaret Voltaire. Un estudio sobre la obra del Nobel francés que hay que leer en un par de sentadas. Lo importante es volver a Gide a través de este escritor afín porque se implica con vehemencia en una nueva revisión del personaje. Aquí Luis Antonio plantea lo difícil que es no hablar de la vida del autor cuando se aborda un acercamiento crítico a su obra. ¿Qué ocurría cuando la escribió? ¿cómo pensaba Gide entonces? Y… ¿Cuál es la intención de su escritura? ¿cuáles sus fuentes de inspiración? ¿a favor o en contra de quién escribía?

El autor arma muy bien la tesis del proceso evolutivo que se da en Gide con respecto a cómo nace la figura del intelectual después de las de artista y hombre de letras. Su apego y posteriores dudas con el cristianismo, al que acusa de estar contra Cristo -de Villena dice que este fue el tema central de un libro que quiso escribir pero nunca llegó a hacerlo-. Su apoyo a la incipiente Revolución de octubre que, más tarde, abandona criticando la falta de libertades individuales y los modos de Stalin. A partir de ese momento fue considerado un apestado, pero Gide no calló. Él fue el primer intelectual que señaló la barbarie de los soviets, más tarde muchos de los que le criticaron por hacerlo le siguieron a la zaga. También se ocupó de los genocidios colonialistas de las potencias europeas en África. Pero todas estas cuestiones, espinosas para su época, supo afrontarlas con seriedad y sinceridad, desprovisto del lenguaje pomposo de las causas perdidas –según un verso del poeta Carnero-. En su escritura prevalecen las relaciones humanas, la sensualidad y la búsqueda incansable de la libertad asumidas como un reto de profundo calado ético. Así como el permanente cuestionamiento de las convenciones sociales y familiares.

De Villena nos cuenta, siempre que es necesario, la relación personal y artística de Gide con Oscar Wilde, Proust, Mauriac, Claudel, Cocteau, Klaus Mann, Drieu La Rochelle, Céline, Pierre Herbart, Valerie Larbaud, Joseph Conrad, Lytton Strachey, y centenares de personajes con los que se relacionó hasta llegar a un bisoño Jean Paul Sartre. Porque el tramo vital de Gide es muy amplio, abarca desde 1869, fecha de su nacimiento, hasta su muerte con 82 años en 1951. En ese espacio temporal es testigo cualificado del convulso siglo XX: las dos guerras -la Primera y la Segunda mundiales- y las dos revoluciones -la rusa y la nacionalsocialista, incluida la ocupación de Francia-. Hechos que le empujaron, aun más, a ser un hombre libre que consideraba la libertad personal como desencadenante de la colectiva, y que ésta última no era posible si no eran libres todos los hombres por sí mismos. Uno por uno, libres de pensamiento en lo político, lo religioso, lo social y lo sexual. Según argumenta Luis Antonio, no es tanta la influencia literaria como la personal la que, de verdad, debe valorarse en Gide, pues es esta la que con más fuerza ha trascendido. Jamás se sometió y siempre anduvo solo por el mundo con la independencia como blasón. Así es Gide, el gran pecador.

El primer libro que leí de él fue Los monederos falsos. Tendría unos dieciocho años y me quedé prendado de esta narración que llegó a mí junto con las lecturas de Pavese y Malaparte. Siempre que recuerdo a autores que me subyugaron, me parece que los leí en verano, en aquellos largos veranos del mundo. Más tarde me hice con Corydon en la mili, una lectura muy militar: de 8 am a 3 pm, en posición de descanso permanente. Y por fin llegué a Los sótanos del Vaticano. Sólo estos libros me han sido suficientes para admirarle y considerarle un autor imprescindible. Hay que volver a él,  releerle y leer más cosas.

En la coda final Luis Antonio nos recuerda que Gide bien podría suscribir al filósofo Bias cuando dijo: “Omnia mea mecum porto” (Llevo todo mis bienes conmigo). A lo cual yo le añadiría los primeros versos de Álvaro de Campos en Tabacaria: “Nao sou nada. Nunca serei nada. Nao posso querer ser nada. A parte isso, tenho en mim todos os sonhos do mundo”.

No dejéis de leer este libro editado por Cabaret Voltaire.

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2 comentarios to “Volver a Gide”

  1. Antonio Villalobos junio 28, 2013 a 9:30 pm #

    vaya coincidencia : yo también empecé a leer a Gide en la mili, “los sotanos del vaticano”, y me ocurrió una historia que ya te la cuento en Coin. Bueno y mención por mi parte a Pessoa “El libro del desasosiego” que es genial.

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    • Luis julio 2, 2013 a 11:48 am #

      Si hay que “agradecer” algo al, por fortuna periclitado, servicio militar obligatorio es la obligatoriedad de no hacer nada en todo el tiempo, excepto leer. Todo los días ocupado con Kafka, Durrell, Ferlosio, el Barón Corvo, Maupassant, Joyce, Walter de la Mare, Wilde -mucho Wilde-, Melville, también Gide como tú dices. Y tantos, tantos, autores leídos a la sombra de los cetmes en flor.

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