Leed a Tomas Tranströmer

20 Jun

20150128_174842De la poesía bien poco se debería decir, bastaría con leerla. Luis Enguita, arquitecto, me dijo en cierta ocasión que cuando se levantaba leía un par de poemas y después se iba a trabajar, a pelearse con empresarios, constructores, peritos y con los planos que él mismo había proyectado.

Le hice caso, pues en la época en que estuve dirigiendo la infame serie Plaza Alta para Canal Sur tenía que levantarme a las cinco de la mañana, y fue entonces cuando adopté como -sana- costumbre su sugerencia: el despertador sonaba implacable, era noche cerrada y tras poner la cafetera en el fuego, abría Los silencios del fuego de Antonio Colinas: “Mira: a punto estás de penetrar en el bosque. Vas a dejar la casa blanca de la cima, tan plácida, tan llena de música y sosiego, ahí te espera el bosque impenetrable” (primeros versos de La prueba).
Así el día empezaba bien. Después, la tensión del rodaje, las mil preguntas del equipo de ayudantes, el seguimiento de los sabuesos de la producción, las boberías de algunos actores o técnicos y los imponderables siempre presentes en cualquier rodaje. Llegué a afrontar este disparate de trabajo de forma más contenida y distendida. Ante esto, la poesía de Colinas se comportaba como un lenitivo que suavizaba las aristas de una maquinaria que podría aplastarme en cualquier momento.

Tomas Tranströmer es el autor de El cielo a medio hacer y Deshielo a mediodía. Traducidos del sueco por Roberto Mascaró, estos dos libros de poemas han sido publicados por la valiente editorial Nórdica, en su colección Letras nórdicas -ambos editados en un pack(ete) titulado El árbol y la nube. Obra poética 1954-2004-. Insisto en que poco debo decir de la poesía y sería bueno borrar todo lo escrito y no colgar este post. Pero no puedo resistirme ante la idea de recomendaros a este poeta. Aquí tenéis uno de sus haikus: “En un saliente de la roca / Se ve la grieta en la pared del duende. / El sueño es un témpano”.

A su edad el poeta está enfermo, no puede valerse por sí mismo debido a un ictus que lo tiene semiparalizado. Hace unos meses supe que existe un intento serio de traerlo a España a pesar de su estado y su edad. Ojalá pudiéramos estar en su presencia aunque no pudiese afrontar la lectura de sus poemas. En los paratextos de estos dos libros dice que el Nobel le llegó tarde a Tranströmer en 2011. Que desde que publicó su primer libro de poemas, 17 Dikter, en 1954, ha editado de manera intermitente pero constante. Y el propio Antonio Colinas dejó escrito esto: “La poesía de Tranströmer posee fuerza, hondas raíces. Por eso, incluso al abordar la síntesis del haiku, salva la plasticidad iluminadora de la misma”. Por mi parte, diré que cuando le leo descubro la armonía entre sabiduría y belleza, y creo vivir instantes de inadvertida felicidad. Leed a Tranströmer, os lo ruego.

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2 comentarios to “Leed a Tomas Tranströmer”

  1. sektglas septiembre 29, 2013 a 5:20 pm #

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