El trapero del tiempo

13 May

20150128_180641En mayo de 2013 Rafael García Maldonado me pidió que presentase su primera novela El trapero del tiempo. Este es el texto leído en dicha presentación.

Ateniéndonos a la crítica moderna, la novela como modelo literario se remonta a El Quijote, por eso podemos considerarla española de origen. Cervantes la inició de manera luminosa dando pie a un género de la literatura universal que, a pesar de que muchos lo consideran muerto, sigue vigorosamente vivo entre los lectores; pues cada año se editan centenares de miles de ellas en todo el mundo y los libros de ficción son los más leídos y vendidos.

En la voz “novela” de su Diccionario de las artes, Félix de Azúa dice: “De entre todas las artes de la palabra, la novela es posiblemente la más popular. Mucho más que la poesía, desde luego, pero también más que el drama al que ha sustituido como modelo moral de masas, y muy por encima de la oratoria cuya decadencia parece haber entrado ya definitivamente en etapa agónica”. Además, la novela posee tal naturaleza mutante que se ha convertido en el soporte literario con más posibilidades narrativas y, por tanto, más expresivas y comunicativas que el resto de géneros. Porque ella misma recombina elementos de diversa procedencia hasta renovarse, de manera que la tradición novelística se hace fuerte por esa misma idea de evolución sin pausa, de cambio constante.

El trapero del tiempo es una novela de asunto y, como en todo relato ambicioso insertado en la tradición, el asunto primordial que afronta es la condición humana, el lugar que ocupa el hombre en el mundo y la capacidad que posee para crear o sortear situaciones sobrevenidas o provocadas por él mismo. Esa es la razón por la que podemos considerarla una novela moral, porque reivindica y cuestiona la ética de los personajes y sus avatares. El trapero del tiempo nace de una indiscutible voluntad de llevar a cabo su escritura. Su autor ha persistido hasta construir casi 500 páginas de una narración que nos atrapa desde el comienzo; y eso ocurre porque podemos reconocernos fácilmente en sus personajes, entender o compartir sus reacciones y sumergirnos en ella llevados por la fluidez del relato. Los lugares donde transcurren las múltiples acciones abarcan desde Marsella a Barranco Blanco, de Nerja a Berlín, de Madrid a Fuendetorres, a Múnich, a Majer. Son éstos, lugares reales enlazados con otros inventados. De igual manera ocurre con los personajes, algunos han existido y otros son imaginados, o bien el autor utiliza seudónimos para referirse a ellos. Los protagonistas centrales de El trapero del tiempo son Gregorio Adames, un científico investigador y docente, especialista en el estudio de los moluscos, y es un hombre bueno. El otro protagonista es el doctor Quiles, con quién no encuentro ninguna dificultad a la hora de calificarle, pues en él se funden la ética y la dedicación médica, el humanismo y la mala suerte. Alrededor de ellos dos gira un copioso elenco de secundarios cuyas vidas convergen ocupando diferentes estratos de la trama. Tal como dicen los paratextos del libro, todos los personajes necesitan de “orden en un complicado puzle de historias paralelas que en algún momento han de cruzarse”.

Aquí podemos encontramos con los servicios secretos israelíes, con la sordidez y mediocridad de la etapa franquista de la historia reciente, con la Universidad de Marsella, la masonería, la especulación inmobiliaria que ha destruido nuestro litoral, la Falange, la investigación científica, la corrupción política, la República Española, el espionaje internacional y doméstico, el nacionalsocialismo, la venganza, la violencia, el amor… y el olvido. Estos elementos y muchos más componen el sólido argumento de esta novela, donde se armonizan los ingredientes necesarios en cantidades exactas para satisfacer el apetito y el gusto por su lectura.

Hay escenas construidas y redactadas con una considerable precisión. Entre ellas prevalece la que narra con verosimilitud la irrupción de los milicianos en una casa burguesa de Nerja durante la sublevación de los militares contra la República Española. Otro momento, en este caso cargado de humor agrio y con cuya lectura es muy difícil dejar de sonreír, es el que protagonizan el ministro con su chófer en un restaurante de Aranjuez, tras un inquietante y a la vez ridículo consejo de ministros de Franco, que parece una escena ideada por David Lynch. O aquel que nos cuenta el incendio provocado por los sicarios de los especuladores para adueñarse de unos terrenos y llevar a cabo la construcción de un, ya de por sí, corrupto proyecto urbanístico que finalmente se salda con algunas muertes. A estos episodios mencionados hay que añadirles una larga serie de vicisitudes que no debo revelar porque no creo que sea adecuado exponer más datos de la trama, pues han de ser los lectores los que asuman su lectura para conocer los caracteres de los personajes y asistir al desvelamiento y resolución de los enigmas planteados. Estas razones, creo, son suficientes para no rechazar la oportunidad que nos brinda este libro y disfrutarlo en toda su extensión. Tampoco podemos olvidarnos de referir y admirar, por ajustado, el título que tan bien suena y que en el fondo es un oportuno y elegante homenaje al notorio investigador Gregorio Marañón: El trapero del tiempo.

Rafael García Maldonado pertenece a la exigua estirpe de científicos-escritores de los que, sin embargo, hay importantes ejemplos. Quizá su mejor arquetipo sea el citado Marañón, tan querido por nuestro autor y tan olvidado por la ingrata memoria de la que siempre ha hecho gala nuestro país. Como Marañón, Rafael aúna su profesión al servicio de los pacientes con la escritura al servicio de los lectores. Y se hace inevitable pensar en la cantidad de horas que ha debido dedicar a su novela, en el uso de los materiales de ficción a los que ha recurrido para crear sus personajes y desarrollar las situaciones que atrapan nuestra atención. Así que les recomiendo encarecidamente su lectura, sobre todo por su amenidad; al fin y al cabo, las novelas se escriben para entretener a los lectores.

Quisiera finalizar esta presentación recordando unas palabras de Scott Fitzgerald: “Toda buena escritura es nadar bajo el agua y contener la respiración”. Con esta novela, Rafael casi se nos ahoga en el intento. Ahora le corresponde a él contarnos cómo ha sido su inmersión en las agitadas aguas de El trapero del tiempo

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4 comentarios to “El trapero del tiempo”

  1. Miguel García Vázquez mayo 14, 2013 a 6:07 pm #

    Me encantó, Luis.

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  2. luisojuis mayo 15, 2013 a 9:28 am #

    Gracias por tu presencia y la de Vito. Francamente lo escribí para Rafa y… para ti.

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