La mujer que vigila los vermeer

30 Abr

20150131_155819Hace algunos años -de casi todo hace ya algunos años-, en medio de un tedioso informativo, le oí decir a Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno español, que su escritor favorito era José María Conget. Casi me atraganto. ¿Quién le habría dicho que dijera eso? ¿Realmente lo había leído alguna vez? Cuando hizo esas declaraciones yo apenas conocía un par de libros de Conget. Hace unas semanas terminé el último que ha publicado: La mujer que vigila los vermeer.Conget escribe lo que él denomina narraciones, las cuales se valen de diversidad de estilos. La autobiografía es recurrente en su escritura pero en ocasiones todo puede parecer inventado. En este último libro hay once títulos que abarcan diferentes contenidos narrativos y tantas maneras de escribir.               

El titulado No calls, no letters, no messages trata de las patéticas andanzas de un profesor de literatura española en Nueva York, cuyo éxito entre las mujeres no es precisamente su fuerte. En este relato, como dicen los paratextos, “…cabe la reflexión en torno a la esterilidad de una existencia consagrada, aparentemente, al conocimiento”. El narrador es un alumno del profesor y es él quien nos sumerge en los avatares del protagonista y nos cuenta que una vez sometidos bajo el peso de la adicción a la lectura desatendemos las cosas de la vida. Y sin embargo, no basta con saber, hay que vivir.

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Conget en el videoclub atendiendo a la mujer que vigila los vermeer.

Otro de los relatos es ¿Lo mío tiene remedio, doctor? De un humor desternillante, su escritura adquiere forma de monólogo vertiginoso y está repleto de momentos en los que podemos reconocer a más de uno. Es el monólogo de un obseso en trance psicoanalítico que se dirige a su terapeuta para contarle, con todos los pormenores, su maniática vida interior y sus hechos y recuerdos inventados. Un mentiroso patológico -probablemente bajo los efectos de algún fármaco- que construye una autoficción hasta convertirla en su propia realidad del todo incuestionable. A la par es una crítica al universo freudiano, a su resaca cultural y a aquellos que todavía la padecen en mayor o menor grado. Ironía, sarcasmo y mucha mala leche brotan sin pausa desde todas las líneas del relato. 

Mi vida en los cines está escrito para fanáticos del cine, aquellos que desde pequeños se acercan a las salas de proyección como los creyentes a sus templos. Entran en lugares sagrados donde se celebran los misterios de la vida y del espíritu. Para ellos los cines son almacenes de memoria donde acciones y protagonistas sacralizan la pantalla con las luces, las sombras y el sonido. No puedo dejar de transcribir aquí el comienzo: “Mi hija me advirtió que las salas de cine tenían los años contados. Yo, que había fabulado el suicidio de un ciudadano que decide no abandonar un cine salvo para entrar en otro y así hasta el fin, y que en una novela intenté sintetizar la existencia de un hombre en siete sesiones cinematográficas, no quise aceptar esa profecía…” Partiendo de la negación de la incontrovertible desaparición de los cines comienza un torrente de recuerdos, un recuento de salas, películas, actores, escenas, músicas, frases escogidas… que Conget regala a los amantes del cine y a los de sus libros.

Los relatos Dos habitaciones, Suaves laderas, Hoy es lunes, Tres relatos breves, Conspiración, y La mujer que vigila los vermeer componen el resto del último libro de José María Conget, el escritor favorito de José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Por qué?

La mujer que vigila los vermeer. Editorial Pre-textos Contemporánea, 2013.

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5 comentarios to “La mujer que vigila los vermeer”

  1. antonio villalobos mayo 3, 2013 a 5:31 pm #

    ya veo el mensaje de estos tres apartados del libro : no hay que ser fanático de los libros ni del cine pero la afición al psicoanálisis (supongo que el que nos ha mostrado Hollywood ) no tiene remedio, ni grados .

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    • luisoj mayo 9, 2013 a 11:07 am #

      Pero en el caso de Conget, la cuestión psicoanalítica y freudiana es producto de la resaca cultural de la que hemos hablado. Sin embargo, el humor lo descongestiona todo en sus narraciones. Especialmente en “¿Lo mío tiene remedio, doctor?”.

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  2. antonio villalobos mayo 3, 2013 a 5:35 pm #

    No me había fijado en lo psicoanalítica que es la portada del libro,…venga un abrazo y a ver si se amplía el blog,…

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  3. Zero Kóvacs mayo 7, 2013 a 5:16 pm #

    … acabo de leer por recomendación de Luis, natuaralmente, “la mujer que…” y me ha encantado. Nunca había leído nada de Conget y me ha gustado esa manera de escribir que suena casi oral, como aquel que dice , propensa al anacoluto más que a la frase subordinada, como el que dice, ligero, para leer en voz alta o para que te lo lean, se podría decir … sin lo deslavazado de los discursos que tienen esa apariencia sino nítido, oiga, neto, en su fluidez, vivo como los seres vivos que admiramos. “No calls, no letters, no messages” y “¿Lo mío tiene remedio, doctor?” y sus codas-estrambotes-epílogos son fabulosos . Escribe muy bien, habla de cosas que nos interesan y sentimos una cercanía generacional que hace que pienses que te gusta que se dirijan a tí de esa manera, como quien dice.

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    • luisoj mayo 9, 2013 a 11:11 am #

      Anacolutos, perífrasis, pleonasmos, estrambotes, tos compulsiva, síndrome de La Tourette, espasmos…Todo puede encontrarse en Conget cuando lo estás leyendo.

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